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MI EXPERIENCIA EN ESTA PASCUALa verdad es que cuando llegué desconocía por completo lo que me iba a encontrar porque era una experiencia nueva para mí. ¿Y qué me he encontrado? Un remanso de paz, alegría y buenas personas, unidas por lo más importante que tenemos en la vida: la Fe en Dios. El actual ritmo de vida tan acelerado que llevamos no nos deja apenas tiempo para profundizar en las cosas realmente importantes y que dotan de pleno sentido a nuestras vidas. Es por ello que resulta necesario y tranquilizador saber de la existencia de momentos como los vividos en esta Pascua 2007. Lugares donde no resulta extraño decir, alto y claro, que crees en Dios y que, como bien dice el P. Gracia, “tu nombre cristiano y tu apellido católico”. La profundidad y hondura de las muchas actividades realizadas son una invitación permanente a la reflexión. A un diálogo interno, sereno, sincero y directo con Dios. Personalmente, he disfrutado mucho con todas las dinámicas: la película y posterior debate sobre la apasionante vida de la Madre Teresa de Calcuta, la extraordinaria charla sobre la Virgen María a cargo de Esther (todo un ejemplo de cristiana), las misas tan cercanas con sermones profundos y prácticos del P. Gracia y del P. Llorens, la alegría de las canciones en la Iglesia y en la mesa, la emotiva visita y rezo del Rosario en la ermita, la trepidante gymkhana con los niños y no tan niños, la divertidísima noche del Fuego (en cuyo juego de las sillas resulté “injustamente” eliminada Alfredico), etc. No puedo terminar esta carta sin agradecer a todas y cada una de las personas con las que compartí esta Pascua su acogimiento, amabilidad y cariño ya que, en todo momento, me han hecho sentir una montañera más. En concreto, no quisiera dejar escapar la ocasión de agradecerles: a los chicos/as de Toledo y otras ciudades su alegría y vitalidad, a Antonio, Pilar e hijos su entrega, amabilidad y simpatía, a Esther, Manolo e hijos su ejemplo como familia, a Encarnita su colaboración, a Paz, Juan Carlos y Pili su cariño, atención y sonrisa, a Marisa su alegría, desparpajo y buenos consejos, a las Hermanas Kenia y Josefa su humildad, entrega y solidaridad, a Luis y José Alberto su amor y amistad, a Alfredico la invitación y el regalo de su amistad porque es un excelente amigo, al P. Gracia sus palabras, siempre acertadas, y su interés y entrega en todo lo que hace y dice, al P. Llorens su entusiasmo, vitalidad, y energía (aun sonrío cuando recuerdo la alegría con la que nos decía “holaaaa”). Y como no quisiera olvidarme de nadie, por si acaso, vaya por delante mi agradecimiento a todas las personas que participaron en esta Pascua tan bonita porque de todas ellas he aprendido. Gracias Señor por haberme permitido vivir esta experiencia inolvidable y que espero no sea la última. Y ayúdanos a fortalecer nuestra Fe. Ya no me extiendo más y concluyo con el estribillo de una canción que aprendí en la Pascua y que me gustó muchísimo: “Jesús de Nazaret, quiero seguirte, quiero serte fiel, sentirme cerca de tu amanecer y ver que tú eres mis pies. Todo mi corazón, mi vida entera te la entrego a tí con mis fracasos, mis ideas de ilusión, mi ingratitud, mi poco amor son para tí” Con cariño se despide: Natalia, de Zaragoza.
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