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LA CUARESMAAl comprar un coche entre los consejos que recibimos del vendedor, uno de los primeros y en el que pone un fuerte acento está el de acudir con fidelidad a la revisión periódica; es una manera sencilla de tener el motor siempre a punto. Conscientes o no, la vida con sus vicisitudes y
contratiempos, nos desgasta física sicológicamente
y espiritualmente; necesitamos una revisión; un poner a punto el motor de
nuestra alma de tal manera que nos deje preparados para todos los eventos de la
vida. Esta es la finalidad que busca la Iglesia-nuestra Madre, cuando nos exhorta a vivir el
período que llamamos Cuaresma; los cuarenta días que preceden a la fiesta de
la Pascua. ¿Cuándo y cómo surgió esta costumbre en la
Iglesia? No podemos señalar una fecha exacta de la misma manera que tampoco
podemos determinar exactamente el momento en que podemos afirmar que ya ha
amanecido. Sí nos consta que ya en el siglo II los cristianos practicaban la
costumbre de prepararse a la celebración Pascual con el ayuno y la oración. Posteriormente y pensando en los cuarenta días que
Jesús pasó en el desierto de Judá en oración, ayuno y penitencia
surgió ya en el siglo IV la costumbre de imitar a Jesús en la oración,
el ayuno y la penitencia. La peregrina Eteria, originaria de Galicia nos lo
recuerda en su viaje por la tierra de Jesús, en el siglo IV San Pablo para animar a los cristianos a las
exigencias propias de la vida cristiana, escribe y les dice que si los atletas
por conseguir un premio material, se esfuerzan y sacrifican, siendo como son
premios materiales y perecederos ¿ Cuánto más deberemos nosotros ejercitarnos
en esa tarea. En todas las épocas la mortificación, la
oración, la servicialidad ha sido necesaria; pero podemos afirmar que en la
nuestra mucho más, por la sencilla razón de que el materialismo, el desenfreno
moral, el afán de placeres ilícitos jamás habían estado tan presentes en la
vida humana. Conviene renunciar a algunos caprichos; prescindir de ciertos
gustos lícitos pero que los
apartamos para seguir el ejemplo de Jesús y porque la vida cristiana, sin
sacrificio, es imposible vivirla. Pero no vayamos haciendo penitencias y sacrificios sin sentido. Primero exijámonos aquel esfuerzo que es necesario para cumplir con nuestras obligaciones profesionales v.g, como cristianos hijos, como estudiantes, Insistamos en la oración. En la Eucaristía ¡ Jamás dejemos de asistir a la santa misa un domingo; que se nos note.. Y finalmente, pensemos en los demás, en los pobres, en los necesitados...y no sólo de cosas materiales, sino sobre todo espirituales. ¡Cuánta necesidad tienen los padres de afecto y cuántas negligentemente pensamos en los demás y nos olvidamos de ellos. Que el vivir la Cuaresma, nos lleve a una Pascua feliz.
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